Evitación
Te apartas de un conflicto, lo aplazas o lo dejas pasar, y guardas tu energía para lo que importa.
Tu resultado
Qué es
La evitación consiste en no presionar para conseguir tu resultado ni trabajar por el de la otra parte, al menos de momento. Dejas pasar un comentario, aplazas una conversación difícil o simplemente sales de la habitación. Tiene poca asertividad y poca cooperación, pero no es lo mismo que desentenderse. A menudo es una decisión meditada: no es el momento, no es la persona o no merece la pena. Mucha gente que tiende a la evitación es perspicaz y capta enseguida el ambiente de una sala. Ve con claridad lo que cuesta una pelea, a veces mejor que nadie, y prefiere mantener la paz a ganar un punto.
Cómo suena
Mejor no entremos en esto ahora.
Déjalo estar. No merece la pena pelearse.
¿Podemos hablarlo en otro momento?
Cuándo ayuda
La evitación es la opción acertada más a menudo de lo que se admite. Cuando un asunto es trivial, dejarlo pasar ahorra tiempo y energía a todo el mundo. Cuando los ánimos están caldeados, apartarse permite que todo el mundo se calme, y la conversación posterior sale mejor. Cuando no tienes poder para cambiar el resultado, o la otra persona busca pelea a todas luces, no entrar al trapo te protege. También te da tiempo para reunir datos o pensar antes de hablar. Elegir tus batallas es una habilidad real, y hace que, cuando sí hablas, la gente te escuche.
Qué te cuesta
Los problemas que evitas suelen esperarte. Una pequeña molestia que se deja estar puede convertirse en resentimiento, y cuando por fin sale, puede salir más grande de lo necesario. Puede que los demás no sepan qué piensas o qué necesitas, así que las decisiones se toman sin ti. Hay quien leerá tu silencio como un sí, y hay quien aprenderá que puede seguir cruzando un límite porque no pasa nada. La evitación también te quita práctica: cuanto menos sacas temas difíciles, más difícil se te hace cada uno. Y alguien que lo está pasando mal puede interpretar tu distancia como desinterés.
Cómo ampliarlo
Empieza por algo pequeño. Elige esta semana una cosa menor que normalmente dejarías pasar y plantéala con una frase tranquila, por ejemplo pidiendo que la cuenta se divida según lo que ha pedido cada cual. Comprueba que la conversación sobrevive. Cuando necesites tiempo, concreta el aplazamiento: di cuándo volverás al tema, y hazlo. Antes de una conversación difícil, escribe lo único que quieres decir, para no ir buscando palabras bajo presión. Y revisa qué estás esquivando. Si el mismo tema vuelve una y otra vez, o se te hace un nudo cada vez que ves a alguien, no se va a desvanecer solo y merece la pena sacarlo.
Oponentes que lo ponen a prueba
Estos tres oponentes se crecen con tu silencio: hay quien insinúa en lugar de pedir, quien tira de la culpa y quien te pincha hasta que reaccionas, así que cada asalto que dejas pasar hace más difícil el siguiente.
El Pasivo-Agresivo
Vale. Como tú veas.
Practica contra este oponenteEl Chantajista Emocional
Su problema se convierte en tu culpa.
Practica contra este oponenteEl Burlón
Pincha hasta que saltas y luego te señala.
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