Competición
Defiendes con firmeza lo que necesitas y luchas por conseguirlo, aunque te cueste algo de comodidad.
Tu resultado
Qué es
La competición consiste en poner tu postura por delante y esforzarte para que se acepte. Dices lo que quieres, lo respaldas con razones y sigues insistiendo cuando encuentras resistencia. Es un estilo asertivo y poco cooperativo: en ese momento, tu resultado pesa más que la comodidad de los demás. Eso no lo convierte en hostil. La mayoría de las personas que tiran de la competición simplemente se implican mucho, piensan rápido y no soportan dejar problemas sin resolver. Puede que lo uses en todas partes o solo en un ámbito de tu vida: mucha gente que cede en casa se vuelve firme en cuanto hay un plazo o una cuestión de justicia en juego. Bajo presión, es la respuesta que más se parece a pasar a la acción.
Cómo suena
Te entiendo, pero mi respuesta sigue siendo no.
Esto hay que decidirlo hoy, y te digo lo que creo que deberíamos hacer.
Ese trabajo lo hice yo, y quiero que se me reconozca.
Cuándo ayuda
La competición es la opción acertada cuando hay algo importante en juego y poco tiempo. En una emergencia, alguien tiene que decidir, y una voz clara ayuda a todo el mundo. Te protege cuando alguien se aprovecha de ti: alguien de tu equipo que se apunta tu trabajo, la persona que te alquila el piso y no arregla una avería, alguien de tu entorno que sigue cruzando un límite que ya le marcaste. También es la opción honesta cuando defiendes un principio que no vas a negociar, como la seguridad o la justicia, y un falso término medio solo aplazaría la misma pelea. Además, hace que rara vez te pasen por encima.
Qué te cuesta
El coste suele aparecer más tarde, en la relación. Quien pierde contigo a menudo se calla en lugar de seguir discrepando, así que puedes ganar la discusión sin llegar a saber lo que pensaba de verdad. Con el tiempo, hay quien deja de traerte problemas. Presionar también invita a que te presionen, y un pequeño desacuerdo puede convertirse en un pulso por ver quién cede primero. Como te centras en el resultado, puedes pasar por alto información que te habría hecho cambiar de opinión. Y a las personas que se cierran o se sienten heridas, la presión no las mueve: solo les enseña a evitarte.
Cómo ampliarlo
Mantén tu claridad y añade curiosidad. Después de exponer tu postura, haz una pregunta real sobre la suya y espera a que termine de responder antes de contestar. Resume en una frase lo que has oído: la gente se suaviza mucho cuando se siente comprendida, y a ti no te cuesta nada. Decide de antemano en qué puntos no vas a ceder y cuáles podrías negociar, para no defenderlo todo con la misma intensidad. Vigila también tu ritmo. Si hablas cada vez más rápido y más alto, frena y baja la voz, porque la firmeza tranquila convence más que la intensidad. Y cuando ganes un punto, habla después con la otra persona, para que el desacuerdo no deje un resentimiento silencioso.
Oponentes que lo ponen a prueba
Estos tres oponentes no ceden bajo presión: hay quien se encierra en el silencio, quien se ofende y quien convierte tu tono en el problema, así que apretar más solo te hace perder terreno.
El Muro
No te da nada y espera a que te canses.
Practica contra este oponenteEl Amigo Dolido
Sin enfado. Solo esperando a ver si lo dices en serio.
Juega gratis en tu navegadorEl Policía del Tono
Tenías razón. Tu tono pierde igual.
Juega gratis en tu navegador